Series | El amor en tiempos de Netflix y los finales cliché

Este domingo terminé la tercera temporada de LOVE y puedo afirmar que su final no me gustó, por lo que pretendo explicar en esta publicación las razones por las cuales no me sentí cómoda con el descenlace de la historia.
Primero, para los que no sepan, LOVE es una de las tantas producciones originales de la plataforma Netflix, que hace unas semanas estrenó su tercera -y parece que última- temporada.

Si no haz visto ni la primera ni la segunda temporada, tal vez esta publicación te arruine un poco la serie, una disculpa de antemano por eso.
De entrada, si la recomiendo y más la primera temporada que aborda las rupturas amorosas en estos tiempos modernos. LOVE nos presenta la historia de Mickey y Gus, que se conocen un día de la forma más casual posible.
Cada quien arrastrando a propios demonios, se enfrentan a esta situación de conocer a una persona nueva dentro de la catarsis que es terminar una relación, en ambos casos con situaciones tóxicas que los llevaban a sobrepasar sus límites.

Mickey es una chica independiente, que trabaja en una estación de radio y vive con una rommie recién llegada de Australia, Bertie, mientras que Gus es una chico nerd con una vida de ensueño, trabaja en un set de televisión y vive con su pareja en una modesta casa en Los Ángeles.
La realidad de cada quien se rompe y se encuentran en una gasolinera de esa ciudad, sobreviviendo al shock que es tratar de reconstruir sus vidas. Comienzan la aventura de combinar sus vidas, aunque sin la certeza de qué es exactamente lo que uno busca en el otro, o si es que hay algo por lo que vale la pena intentarlo.
Termina la primera temporada y Mickey decide afrontar sus adicciones y combatirlas, también piensa en ser una mejor versión de sí misma y aprovechar las nuevas oportunidades que le da la vida. Gus, por su parte, acepta que le gusta Mickey y la besa en el momento menos esperado.

Pasamos a la segunda temporada y la historia parece que comienza a “enderezarse”, vemos a Mickey pasando más tiempo con Gus, mientras cada quien intenta arreglar su vida personal y laboral, afrontando algunos retos de la mano, pero sin definir qué es lo que quiere uno del otro, hasta que en el último capítulo Mickey dice “Sí, ¿por qué no? Deberíamos intentarlo”.
La tercera temporada trata de eso, la relación. Como dos personas que al principio parecía imposible que estuvieran juntos, lo intentan y van acomodando sus vidas para que funcione.

Antes de terminar de afirmar que no me gustó el final para Mickey y Gus, quiero resaltar a Bertie, la australiana.
En esta temporada sobresale y su personaje toma fuerza dentro de la historia. Cuando la conocemos, es una chica temerosa pero curiosa por conocer el nuevo país al que llegó. Conoce a Mickey y respeta todo el caos que conlleva vivir bajo su mismo techo.
Bertie conoce a Gus, quien le presenta a sus amigos, entre ellos Randy, con quien inicia una relación en la que no queda muy claro quién es más beneficiado con la situación hasta la última temporada.
La revelación que experimenta Bertie es singular, la madurez con la que afronta que su pareja no es perfecta y no sólo aceptar que merece algo mejor, sino que toma eso que se merece, fue lo mejor de la temporada. Al final Bertie se queda con el alma un poco más ligera y encuentra un balance. Lo que me lleva a concluir, que todos debemos ser como Bertie.

Pasando a la incomodidad. El final feliz de Mickey y Gus. No me esperaba ese final, la verdad. Una parte de mí quería que Mickey saliera corriendo y dijera “No, esto no es para mí. Quiero estar sola”, pero no lo hizo y se quedó, conmovida por un nuevo Gus que surgió de una disputa familiar.

SPOILER ALERT

Ya no lean a partir de este párrafo, porque no me hago responsable de lo que pueda pasar.
En un impulso, Mickey y Gus deciden fugarse y casarse, en una playa, rodeados por sus amigos más cercanos. Algunos personajes se asoman a la trama principal, tratando de hacer reflexionar a la pareja sobre lo que están por hacer. Pero al final “triunfa” el amor y ellos terminan convertidos en marido y mujer, con el mar de fondo y una sonrisa en los labios.
Este final se asemeja mucho al cliché de historia de amor, del “vivieron felices por siempre”, resolviendo el conflicto principal con un remedio que deja la historia abierta a tantas posibilidades.
Antes de ver el final, leí en Twitter que alguien se quejaba con la frase “Gus no se merece a Mickey”, y es verdad. Mickey es complicada pero determinada con sus decisiones -menos en esa, en la que casi deja a Gus-, pero Gus siempre fue una persona temerosa que justificaba su indecisión en los problemas de los demás y eso es insoportable.

Tal vez la idea de dejarlos juntos, demasiado juntos, es un intento por darnos esperanza a los jóvenes de que a pesar de todo es posible consolidar una relación en la época actual, a pesar de tantas adversidades.
Pero al final Mickey cedió ante Gus, que anteriormente había intentado casarse con una novia de la Universidad. Mickey, por su parte, no había considerado tener esta experiencia y se mantenía independiente -aquí es donde detecto que tengo un problema con las relaciones amorosas convencionales en las series y películas-.
Hubiera preferido un final tipo La la land, en el que cada quien termina feliz siguiendo su plan original, manteniendose en su propio molde. #NoMásFinalesCliché

2 comentarios sobre “Series | El amor en tiempos de Netflix y los finales cliché

  1. No la he visto, pero me ha llamado la atención, y ntp, los que leemos spoilers es bajo nuestro propio riesgo jeje y aunque ya sepa lo que va a pasar, aún así siento intriga por ver la serie

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